Los Simpsons in London

7 01 2010

Alberto Peña

Este capítulo de Los Simpsons (15×04, “Los monólogos de la Regina”) resulta ser una crítica humorística a la cultura británica en comparación con la estadounidense, dejando ver las considerables diferencias de las islas en relación al resto del mundo. Así, cosas tan clásicas como las cabinas y los autobuses rojos o el cambio de guardia del Palacio de Buckingham.

Todo comienza cuando Bart encuentra un billete de 1.000 $ que había perdido el Sr. Burns, y decide exponerlo en la Casa del Árbol como si fuera un museo. A 5 dólares la entrada Bart consigue 3.000 $ de beneficio y decide que su familia merece unas vacaciones. Mientras intentan elegir destino es el abuelo Simpson, que cuenta una historia de las suyas, quien decide que deben ir a Londres en busca de su antigua amada, y la familia esta de acuerdo. Los Simpsons rumbo a London. A partir de aquí, Matt Groening utiliza este episodio para poner en evidencia la cultura británica en base a las clásicas cosas que destacan en Londres.

La primera imagen de Londres que aparece en el capítulo es del río Tamesis a orillas del Buckingham Palace con cantidad de Mary Poppins volando a su antojo por el cielo inglés con su paraguas en la mano.

Nada más llegar al aeropuerto les recibe el primer ministro Tony Blair, que se encarga de fomentar la Gran Bretaña del siglo XXI y les recomienda los principales puntos de interés habituales para los turistas.

Cuando suben al taxi confunden a un inglés vestido de forma clásica con traje y maletín con un mayordomo al que piden una taza de té, algo habitual en los británicos, y con una pincelada de humor americano, como si todos lo llevasen encima, saca una taza del maletín donde se aprecia un juego entero de té, y se la sirve a Homer.

Durante un paseo por las calles londinenses Lisa se encuentra con la escritora de Harry Potter, J. K. Rowling, que engaña a la joven Simpson contando un final falso de la saga del pequeño mago, justo el que ella quería oír.

Otra de las grandes diferencias que destaca el autor es el cambio de la habitual comida rápida americana a base de carne y patatas fritas, por Fish & Chips, algo que no convence en absoluto a Homer. Acto seguido se observa otra imagen típica británica como es la de la chistera y la pipa de fumar, que quiere comprarse Homer en una tienda.

Los niños también tienen su parte y es sabido por todos que los dulces ingleses tienen bastante más concentración de azúcar que el resto. Bart y Lisa acuden a una tienda de caramelos e hiperactivos y con un ataque de glucosa por ingerir estos dulces, arrasan con todas las gominolas que ven. En su aventura también cogen una canoa y navegan por el Tamesis compitiendo y ganando al clásico equipo de remo que navega por sus aguas. Maggie aparece en andando por el techo mientras Lisa y Bart están bajo los efectos de los dulces, haciendo una parodia de la imagen de la película Trainspotting. Mientras sus padres suben a la noria de Londres para buscarlos y como si del Agente 007 se tratase caen al Tamesis en una de las cabinas de la atracción mientras suena la música de la película del agente secreto más famoso en el mundo.

Después aparece también Sir Ian Mcellen, actor que encarnó a Gandalf en El Señor de los Anillos.

Todo se tuerce cuando entran en coche a una de las rotondas, algo que desconocen en EEUU y después de estar dando vueltas durante mucho tiempo deciden girar bruscamente y acaban chocando con el carruaje de la Reina Isabel en la entrada del Palacio de Buckingham. Justo coincide con el cambio de guardia, que está apaleando a Homer por lo ocurrido y dejan de hacerlo para realizarlo, pero el siguiente grupo de soldados llega con su elegancia inglesa y continua con el cometido. En el juicio la Reina aparece con un collarín de diamantes y joyas preciosas mientras Homer es condenado y acaba preso en los calabozos de la Torre de Londres. Un apunte de un tabloide anuncia una exclusiva en la que se informa de una juerga que se corrieron Bart y el Príncipe Harry, haciendo parodia de las escandalosas salidas nocturnas de las que en realidad se acusó en su momento al hijo de Carlos de Inglaterra.

Muchas son las cosas que deja de relieve este capítulo, en el que Inglaterra se ve muy diferente del resto del mundo, tanto por sus formas de medida, su conducción por la izquierda, su paisaje del siglo XIX, etc.

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